¡A dormir a tu cama!

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Ayer por fin nos decidimos a dar el paso. Marc va a cumplir dos años en menos de un mes y pensamos que ya iba siendo hora de que durmiese en su cama. Han sido casi dos años en los que hemos compartido cama los tres juntos, con sus momentos buenos y otros, por qué no decirlo, no tan buenos (alguna patada en la entrepierna a mitad de la noche…), pero por lo general ha sido una gran experiencia que seguro repetiremos con nuestros próximos hijos.

Así que llegó la hora, y, claro, pues primero de todo le preguntamos a él: “Marc, ¿te gustaría dormir en tu cama, una cama para ti solo?” y, claro, su respuesta fue que sí (sobre todo si se lo pintas con una sonrisa, jeje). Empezamos a plantear cómo lo haríamos, ¿tendría un  proceso de adaptación?, ¿llegaría un día y ya está, lo meteríamos en su cama y todos tan felices?… Como no estábamos muy seguros de cómo hacerlo, consultamos a una pareja amiga que tenía experiencia ya que tenía dos hijos y sabían de lo que se hablaban. Con una foto que nos enviaron por whatsaap nos resolvieron todas las dudas 😉

Ni cortos ni perezosos nos pusimos manos a la obra. Aquella habitación, que tan bonita arreglamos antes de que naciera nuestro pequeño, ahora es un almacén de trastos (el 99% de él, claro) en el que ya no se encuentra ni la cama que pusimos, porque ahora está justamente pegada al lado de la nuestra.

Así es, lo que hemos hecho ha sido pasar la cama de Marc a nuestra habitación, y no al revés como muchos pensarían que es lo lógico. Pero ¿qué es lógico en esta vida?, quizá sea más lógico lo que hacemos nosotros que lo que se suele hacer, pero para gustos los colores, y mientras no hagamos mal a nadie, cada uno que actúe como mejor crea, esta es simplemente nuestra forma de verlo y nuestra experiencia.

Y nuestra experiencia hasta el momento ha sido: dormir a pierna suelta (salvo 4 excepciones contadas que el peque ha estado malito), disfrutar de los despertares que te proporciona un ser tan estupendo, crear unos vínculos familiares enormes, muchas risas y muchos grandes sueños… Por lo tanto ¿por qué cambiar todo eso de golpe?, ahora seguiremos disfrutando de todo eso pero en lugar de en una anchura de 1’50 metros lo haremos en 2’50 metros, ¡mucho mejor, donde va a parar!.

Por supuesto, él se irá cuando quiera, ese triste día llegará, lo sé, es ley de vida, y yo no lo forzaré a quedarse… Así que vamos a disfrutar el poco tiempo que nos queda juntos compartiendo cada noche nuestros mejores sueños.

Desde aquí aprovecho para animarte a que, si todavía no lo haces, practiques el colecho con tus hijos. ¿No sabes muy bien cómo funciona?, aquí te lo explicamos.

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